CUENTOS CON MORALEJA PARA REFLEXIONAR – Los Caminantes

CUENTOS CON MORALEJA PARA REFLEXIONAR – Los Caminantes

Han pensado, amiguitos, cuánto favorece en la vida saber sobreponerse a los dolores y fatigas y con voluntad y energía continuar adelante en la senda que nos hemos propuesto seguir? Para que lo tengan siempre presente lean uno de estos cuentos con valores para relexionar sobre la vida, que se los demos­trará.

Hassan y Saúl eran dos amigos que un buen día resolvieron ir hasta una ciudad algo distante a fin de realizar algunos negocios que prometían ser ven­tajosos. Ambos eran mercaderes y tenían fama de ser honrados y cumplidores con los compromisos que contraían.

El inconveniente del viaje era que para llegar hasta aquella ciudad no había medio de transporte alguno.

historias de superación-los caminantes-1

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Era necesario ir a pie por un camino áspero, mal trazado, pedregoso y en muchas partes cubierto de fango, lo cual dificultaba enormemente la marcha.

historias de superación-los caminantes-2

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Al amanecer salieron los dos amigos. Tenían un buen día de marcha y debían hacer varios altos para descansar y tomar algún alimento que reparase sus fuerzas. En una pequeña bolsa llevaba cada uno la comida, que consistía en pan y frutas, y algunas cosas in­dispensables para el viaje.

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Anda que te andarás, iban los amigos muy contentos, pero de pronto Saúl exclamó: ¡Ay, obre de mí! Siento una gran fatiga. No puedo más. ¿Cómo?, repuso Hassan. ¡Si apenas llevamos tres ho­ras de marcha! amigo, no creía que el cansancio te vencería tan fácilmente.

Saúl se sentó al borde del camino y siguió con sus lamentaciones. ¡Ay de mí! ¡Qué dolor siento en las piernas! A mí también me duelen expresó Hassan, pero si me dejo vencer por este natural cansancio no llegaré a la ciudad.

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¡Vamos! continuó. ¡Animo! Sobreponte a tu fatiga, que aún nos falta mucho. Saúl se levantó y echó a andar, pero al poco tiempo volvió a sentarse, clamando: ¡Por favor, detén la marcha, Hassan! ¡No puedo seguirte! ¡Ay del pobre Saúl! ¡A qué estado miserable me veo reducido!…. ¡Ay, ay!.. ¡Infeliz caminante!

Pero Hassan no se detuvo a escucharle. Bien sa­bía que Saúl exageraba su cansancio y sus dolores, pues era fuerte, robusto, y podía marchar perfecta­mente. Le faltaba voluntad para dominar aquellas molestias inevitables en viajes de tal clase.

historias de superación-los caminantes-6

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Siguió, pues, caminando, llegó a la ciudad y rea­lizó un excelente negocio. A los dos días vio llegar a Saúl. ¿Cómo te has arreglado? exclamó asombrado Saúl al enterarse de que su amigo había hecho ya un buen negocio. Muy sencillamente repuso Hassan. Empleé en hacerlo todo el tiempo que tú perdiste en lamentarte.

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