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FRANCESCO PETRARCA – LOS AMIGOS SILENCIOSOS

FRANCESCO PETRARCA

LOS AMIGOS SILENCIOSOS

FRANCESCO PETRARCA

PETRARCA FRANCESCO, el laureado poeta italiano, famoso en el mundo por su extenso poema AFRICA, sus cartas latinas, sus epístolas, LAS RIMAS y LOS TRIUNFOS, vivió mucho tiempo en Vaucluse, cerca de Aviñón,  en Francia, donde los papas tenían por aquel entonces su residencia.

Numerosos amigos que lo tenían en gran consideración, le escribían para disculparse por no visitarlo “¡ Cómo hemos de compartir tu tiempo !, le decían ¡ la vida que llevas en Vaucluse es muy extravagante !; en invierno te quedas en tu rincón como un búho y en verano no haces más que correr por los campos”

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Francesco Petrarca – Amigos Silenciosos

FRANCESCO PETRARCA, riendo de estas amables críticas, comentaba: “Esa gente mira como la mayor felicidad a los placeres del mundo y no concibe que uno se aparte de ellos.

Pero yo tengo otros amigos cuyo trato es muy amable para mí, amigos de todos los siglos y países, que se han ilustrado en la guerra, en los negocios públicos y en las ciencias. Con ellos no tengo que incomodarme para nada y están siempre a mi disposición, pues los mando venir y los despido cuando me place. Lejos de importunarme, responden a mis preguntas. Unos me cuentan los sucesos de los siglos pasados y otros me revelan los secretos de la Naturaleza; éste me enseña el modo de vivir y morir bien y aquel calma mis enojos con su jovialidad. Hay también algunos que endurecen mi alma contra los sufrimientos, enseñándome a despreciar mis deseos y a soportarme a mi mismo; en fin, me llevan por la senda de la ciencia y de las artes, satisfaciendo todo cuanto necesita mi pensamiento. En cambio de tantos favores, no piden más que un modesto cuarto donde se hallen al abrigo del polvo. Cuando salgo, me los llevo conmigo por las sendas que recorro y la tranquilidad de los campos les gusta más que el bullicio de las ciudades…”.

No es, pues, extraño que FRANCESCO PETRARCA cayese enfermo cuando cesaba de leer o escribir o cuando no podía meditar sobre sus lecturas apasionadas. Uno de sus íntimos, que era Obispo de Cavaillon, temeroso de que la asuidad y el ardor con que trabajaba el poeta arruinara su salud, le pidió un día la llave de su biblioteca.

¡ No se trabaja aquí en diez días !, le sentenció luego de encerrar libros y escritorios. Obediente PETRARCA para complacerlo prometió descansar. Halló muy largo el primer día de penitencia. El segundo creyó que nunca acabaría. El tercero tuvo un dolor de cabeza tan fuerte que hubieron de devolverle la llave del tesoro y el volvió a sus libros

FRANCESCO PETRARCA LOS AMIGOS SILENCIOSOS